Voz en OFF

25.2.12

Harakiri

A O-Coni-Co,
in memoriam.


En el vientre de mi alma hundí la daga del olvido
para expiar de una vez tu inmensurable afrenta.
Amaterasu Omikami, (de quien tantos han nacido,)
dictaminó la muerte mía una noche sangrienta.
Y fue por culpa tuya, indeseable geisha
que, danzando con lascivia en toda ceremonia,
servías a los hombres el codiciado cha
que bebían junto a ti sin ninguna parsimonia.
En el Templo del Amor erigí yo un estrado
que cubrí con alfombras totalmente carmesíes.
Rodeado de mí mismo, (a quien tú has deshonrado,)
confesé todas mis culpas; recé todas mis díes
írae; la daga empuñé, y en mi vientre la hundí…
(Fue por ti, mas ¡qué importa! Ahora soy un kamí.)




11 de noviembre de 2004.
(23.28 hrs.)

24.2.12

Cuéntenme de sus muertos

Puedo escribir los versos más tristes esta noche..., no, no es cierto. No estoy triste. Estoy enojado. Quisiera volverme un zompopo de mayo y cortarle las patas a un montón de buenos para nada y morir aplastado por la suela de un zapato viejo de un viejo salvadoreño que viene de burriar en Sívar. 

Me quiero ir de aquí. De San Salvador a Buenos Aires hay (según la 'mejor respuesta' que saqué del primer enlace que aparece en Google al escribir 'Distancia entre San Salvador y Buenos Aires' en el buscador) 6,272.63 kilómetros, y esta es la distancia entre la miserable vida aquí y la miserable (pero más placentera y creativa) vida allá. 

Me quiero ir porque no solo mi sombra me sigue y persigue. Cruzo el umbral de la puerta (sí, el 'marco de la puerta') y voy a ¿conquistar el mundo? (ni que fuera Cerebro). Salgo y camino hasta que se me acaba el agua (de chorro) embotellada o hasta que me canso de ir a ninguna parte. Entonces regreso y pienso en que quiero irme. El Salvador es un país desfigurado.

Miro la pantalla de la computadora y escribo 'Buenos Aires'. Los argentinos que conozco dirán: 'Viste cuando hay un marginal que quiere entrar acá y cree que lo vamos a bancar, así nos pasa con vos', pero no me importa y sigo pensando en Buenos Aires. Ya hice cálculos: Si vendo mi computadora y mi 'teatro en casa' (sí, cómo no) y mi cuarto-casa y mi lote, puedo comprar dos boletos (yo ya le dije a ella que solo de ida y ella dice que sí, que se va conmigo pero que cómo hablo de Buenos Aires y ni siquiera tengo trabajo estable), dos maletas (en las ventas del Centro) para cada uno y llenarlas de puras ilusiones. 

Me convertiría en un bohemio. Recitaría poemas en la Plaza de Mayo y platicaría con los muertos en La Chacarita. Comprara un kilo de mate y un termo usado y me iría con ella a contemplar el atardecer (tres horas antes que ustedes) en el Puente de la Mujer. Viviría. 

Si me fuera a Buenos Aires, viviría. Para mientras, cuéntenme de sus muertos.

14.2.12

A las once de la noche de un martes

Ciudad de las nieblas, once y seis de la noche de un martes en que me siento bien idiota (o sería ¿bien e idiota?). El sueño venció a los más desafortunados, menos a mí. Estoy sentado frente a la computadora, dispuesto a escribir todas las noches a la misma hora para escribirme a mí mismo (y dejarme leer por quienes quieran tirarme una monedita de tiempo en mi sombrero de hombre) y terminar el rompecabezas del día. Hice un pacto de caballeros con el sueño. Le pedí que me dejara de hostigar la existencia y que se fuera 'a la chira', como dice mi suegra. Llevé a mi perrita a la fuente del Parque Central de esta ciudad-infierno y fue, fui, fuimos felices. No dije NADA del '14 de febrero', y eso me enorgullece. Anoche le dije a la chelita que no le regalaría nada y le pedí que ella no lo hiciera tampoco. Cumplimos a cabalidad ese acuerdo. No vi los noticieros de la noche. No me da igual. No me acostumbro a este estado de calamidad nacional no declarado. Me hierve la sangre dentro de mí cuando veo una injusticia y me dan ganas de ser parte de los primeros en sacar el cuchillo, pero me abstengo. Mañana (mejor dicho, en menos de cuarenta minutos) quiero ir a mi casa, limpiarla, pintar el techo, preparar la tierra para el jardín de girasoles que ella me ha pedido. No tengo trabajo estable pero eso no me preocupa. Estoy vivo y voy, vamos a estar bien.

14 de febrero

Y es que ustedes piensan que sólo porque le van a comprar algo a la bicha ya tienen el cielo ganado y el infierno postergado y no, no es así. Amor es más que una palabra rebajada a símbolo de corazón pintado con rojo bermejo, y ustedes, sí, ustedes, bichos dundos, alagartados, sangrones, bayuncos, hijitos de papi y mami, universitarios por gusto, gringos wannabe, ustedes no saben ni jota qué es el amor. Amor es más que agarrarle la mano a la bicha y dejársela toda sudada cuando te vas para tu casa (porque ni la vas a dejar hasta la de ella, como sos un gran miedoso y preferís compartir tu saliva debajo de un poste pintado con los colores de la libertá, apuesí); es más que quedarte todo ido y mandarle mensajes de texto a cada rato (aparte que se aburren); es más que comprarle chocolates Bon o Bon con descuento de súper o a dos cajas por un dólar en las calles del Centro; amor es más que ponerle la mano en la cintura cuando van parados en el micro (en donde pretendés ser el defensor de ella pero cuando se suben los tamales sos el primero en bajarte); amor es más que llevarla a comer pupusas los domingos en la tarde (y alimentar así la gran solitaria que los dos llevan en la panza); amor es más que comprarle una bolsa de yuca frita mosqueada de la calle; amor, bichos dundos, consumistas (y jamás comunistas), amor es más que poner estúpidas palabras en el muro de ella (ustedes no vivieron en la época en que manchar paredes era sinónimo de bajeza), palabras copiadas de cualquier parte pero nunca nacidas de tu interior, del ser humano cristalino que deberías ser, del hombre que va a ser alguien y no un don nadie, del hombre que en vez de comprarle flores cultivadas por mujeres explotadas le va a sembrar un jardín en el patio de su futura casa. Pero no, a ustedes, bichos dundos, bichos ignorantes, a ustedes Cupido los puyó con una supuesta flecha (era una jeringa usada por los mareros que duermen en las colchonetas en el Rosales y por los que trafican drogas en el Hula Hula y por vos, ahora, aquí) y ahora te creés el latin lover de este paisito que no ve la suya, y ahí le vas a ir diciendo a medio mundo "Feliz Día del Amor y la Amistad", cuando tenés más odio y enemigos que a saber qué. Me das risa, 14 de febrero. Y ustedes también, ES-Cupidos.

6.2.12

Palabrerío

Escribamos, pues. 

Digamos que este es un país que no existe, que da pena, 
sintamos cólera por los trece muertos diarios y sus familias enlutadas, 
caminemos sobre los jardines que los mareros abonan con carne de cadáveres mutilados, 
descompuestos, convertidos en un número más de las estadísticas 'oficiales', 
no miremos atrás al caminar por el Centro, 


desenterremos la dignidad
y hagamos algo. 

Ahora.

5.12.11

El muerto

Veo
mi cuerpo inerte
y no creo
que la Muerte
se haya llevado
al otro lado
de la Vida
tu amor.
Una rara flor
ennegrecida
por la Muerte
sobre mi cuerpo inerte
reposa.

Es la rosa
del olvido
del herido
amador.


Luna lejana

Si tengo la  fortuna
de que con tu alma mi dolor se integre,
te diré entre melancólico y alegre
las singulares cosas de la luna.
Leopoldo Lugones

Muda, mi amiga, la mañana se me antoja eterna.
Se desliza en el cielo una luz suave y tierna
al tiempo que pienso en ti. ¡Estás tan lejos!
¡Oh, cómo ansía mi corazón ver tu rostro en los reflejos
que le roban al sol las ventanas extrañas!
Le pregunté al Hacedor por qué no me acompañas
mas no me respondió. Lo único que me dijo es que te asemejas
a la luna que visita en la noche de mi cárcel las rejas
que me encierran separándome de ti,
y que cantas con encanto un canto que dice así:
«Desde que anochece aparece la luna
con su bellísimo color blanco cristal
y se va desplomando sin razón alguna
su suave luz...» ¡Qué canto eternal!
¡Qué canto que entona los encantos de la vida!
¡Ven, amada luna, no te quedes recluida
en las rejas que me alejan separándome de ti,
ven que quiero verte, 
ven que quiero que en mí
resplandezca tu amor, ven que quiero conocerte!
Muda, mi amiga, la mañana
se me antoja
etena. Cual hoja
seca muera el día en mi ventana.
¡Que venga la noche con su luna inmortal!
¡Que venga la luna con su color blanco cristal!
¡Ven, amada luna, ven y quédate en mí
que en la cárcel de mi amor esperando estoy por ti!