Voz en OFF

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1.4.12

Deseos ocultos


—Tenés un montón de pitas* de donde halar pisto*, Alfredo. Ya quisiera yo tener la masa gris que vos tenés.
—Ajá.

La Chata (así le digo a mi hermana mayor) y yo nacimos en la misma fecha, un 29 de junio. Ella en 1975; yo, en 1983. Cuando yo nací, mis papás se la ‘calaron’, porque iban a gastar menos organizando nuestra fiesta de cumpleaños. Y así ha sido, hasta el último pedazo de pastel que recuerdo haber comido. La casualidad de la fecha nos ha unido más de lo que tienen idea. Podemos hablar por horas. Reírnos hasta que nos callen por contaminar el ambiente a puras carcajadas. Llorar. Como anoche.

Que tu hermana (quien, para vos, es alguien respetable) te enfrente y te diga lo que no estás haciendo bien, duele. Y duele más que la herida que no se me quiere sanar del todo. Pero es justo y necesario. Perder el rumbo, el carácter, el deseo, son cosas de las que hablé con ella anoche. ¿Qué lo hace a uno perder el impulso? Y no me vayan a decir que a ustedes nunca les ha pasado eso, porque sería bien chistoso saberse el único que ha dejado cosas inconclusas.
La inteligencia está. La pereza, también.

Los deseos de tu corazón van a seguir siendo meros deseos mientras no decidás levantarte de entre los escombros en que convertiste tu vida, y empecés  de cero.

¿Recomenzamos? 


* Cuerda.
* Dinero.