Hoy es un buen día para perdonar.
Levantar el teléfono, escribir una carta, tocar una
puerta, derribar las murallas que nos separan de quien(es) nos han hecho daño o
a quien(es) dañamos en el pasado y en su lugar tender puentes de
reconciliación. Que el odio, el rencor, el egoísmo, la vanagloria y demás ya no
sigan extendiendo sus raíces en nuestro corazón ni carcomiendo nuestra
existencia.
Hoy es un buen día para compartir.
Tomar un café, caminar lado a lado, acostarse en la
grama, mirar televisión, escuchar música, estrechar manos, sonreír, mirar cara
a cara, contar historias, comer, animar a otros, sabernos parte de algo más
grande que nuestros propios límites.
Hoy es un buen día para agradecer.
Por tener vida, salud, trabajo, familia, pareja,
amigos, mascotas, por no estar solos (o por estarlo, si es mejor así), por las
cosas que logramos, por los caminos que abrimos, por las lecciones de vida que
recibimos (aunque nos hayan dolido, aunque nos hayan herido), por las alegrías
causadas en otros, por las lluvias tempranas y tardías, por las “vacas flacas”
y “gordas”, por lo que falta por hacer.
Hoy es un buen día para amar.