Voz en OFF

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24.12.13

Hoy es un buen día para...



Hoy es un buen día para perdonar.

Levantar el teléfono, escribir una carta, tocar una puerta, derribar las murallas que nos separan de quien(es) nos han hecho daño o a quien(es) dañamos en el pasado y en su lugar tender puentes de reconciliación. Que el odio, el rencor, el egoísmo, la vanagloria y demás ya no sigan extendiendo sus raíces en nuestro corazón ni carcomiendo nuestra existencia.

Hoy es un buen día para compartir.
Tomar un café, caminar lado a lado, acostarse en la grama, mirar televisión, escuchar música, estrechar manos, sonreír, mirar cara a cara, contar historias, comer, animar a otros, sabernos parte de algo más grande que nuestros propios límites.

Hoy es un buen día para agradecer.
Por tener vida, salud, trabajo, familia, pareja, amigos, mascotas, por no estar solos (o por estarlo, si es mejor así), por las cosas que logramos, por los caminos que abrimos, por las lecciones de vida que recibimos (aunque nos hayan dolido, aunque nos hayan herido), por las alegrías causadas en otros, por las lluvias tempranas y tardías, por las “vacas flacas” y “gordas”, por lo que falta por hacer.

Hoy es un buen día para amar.

26.4.13

¡Feliz cumpleaños, Armin!



San Salvador, 26 de abril de 2013.


Armin,

Recuerdo que hace un año te escribí una breve nota con motivo de tu cumpleaños. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, como dice la canción. Empero, sigo creyendo en lo que te escribí: “Te sigo con la confianza de un ciego que se sostiene del hombro de quien lo guía”. Cuántas cosas cambiaron en los meses anteriores, ¿no es cierto? Como lo dijiste una vez, cambiaste los libros de medicina por cámaras, lentes y equipos distintos, pero sé que estás mucho mejor que antes. Se nota. Y yo me alegro por vos.

Desde hace más de un año te regalé mi amistad. Aprovecho para recordarte algo que me debés: Un atol de semillas de marañón en Atoles La Pasarela. ¡Que no pase de este año! Te regalo, una vez más —y cuantas veces sea necesario— un abrazo. Y con él toda la fuerza, la alegría, la confianza, el respeto, la admiración, el cariño y la seguridad de que vas a ser una mujer que tenga muchos éxitos en los años venideros.

Somos muchísimas las personas que te queremos en demasía, que te rodeamos para protegerte de las dudas, los temores, la soledad… y que, sobre todo, hoy estamos felices por tu cumpleaños.

Tu amigo que te quiere, 

Jorge Alfredo Márquez Fagoaga

27.10.12

Un post (del Centro) "infumable"



“Infumable”, un término que no he usado sino hasta este momento en que recién leí las noticias del Centro y las muertes en San Pedro Sula y las encuestas de Obama y Romney en que escribo este post y me río de mí mismo porque uno no le haya gracia a la vida si primero no aprende a reírse y/o carcajearse de sí mismo y de la gente idiota que se esconde detrás de cualquiera, incluso de sí misma, para tirar la piedra y (como dice el dicho) esconder la mano. Anoche vi las noticias de lo que está pasando en el Centro, y lo que más me duele (y aquí concuerdo con Emma) es que yo sí voy al Centro, lo habito, disfruto sus calles y el bullicio de la gente, y por ahí tenía a mis ‘dealers’ de libros viejos, el señor chele que parece chalateco y que vende sorbetes allí por un costado del Palacio Nacional, justo en donde una banda (o grupo musical, como vos querrás llamarle) se ponen a tocar sus instrumentos llenos de óxido y una niña se pone a bailar y pasa entre la gente con un bote viejo para pedir la contribución (in)voluntaria. Decía que el Centro es chivo, y este país también, pero (y sí, siempre salen los peros cuando se trata de abordar la realidad nacional desde esta silla vieja con una almohada-para-que-no-me-duela-el-trasero-de-tanto-estar-sentado-aquí), como ya lo sabés, o como alguien más te lo contó, si nunca te has atrevido a ir al Centro porque tenés cabeza de camarón y creés que justamente allí te puede pasar lo peor de tu vida, es “infumable”. ¿Te acordás cuando la mara, al escucharte hablar ‘astralidades’ siempre te quieren dar el tiro de gracia con aquello de “Vos ‘asaber’ de cuál has fumado”? Yo sí me acuerdo, y me da pena, rabia, vergüenza, por lo que pasa en este país. Leo unos pasmados que dicen que todo está bien aquí, y que este es “el país de la eterna sonrisa”, y no les creo nada, nada, nada. No voy a politizar los hechos porque pareciera ser si hablás de política es porque te querés ‘dar color’ (ya sea rojo, azul o cualquiera de los otros tonos de la paleta de colores que usan los políticos para diferenciarse de sus ‘adversarios’), cuando todos sabemos que esto de vivir en democracia es como decir “Yo vivo en un circo ‘colorico’ del tamaño de 14 departamentos”, y entonces dejaríamos de ver lo rescatable, lo “fumable”, si lo querés ver así, de la Ciudad. El Centro es una gran cosa, viejo. Yo conozco una viejita que vende frente al Ex Cuartel y es (así la nombré yo) mi Patrocinadora Oficial de Tostadas de Plátano sin curtido, porque le tengo miedo a los curtidos de algunos lugares del Centro. Más adelante, allí por el Pollo Campero (no, no me están pagando por esta publicidad gratuita) están unos bichos cheles (bueno, espero que todavía estén cuando vaya de nuevo) que te venden películas ‘diadólar’ y son “garantizadas” (qué risa, todo es cosa de garantías aquí) porque están grabadas directamente desde el DVD original,  una señora que vende galletas chinas (la verdad es que no se parecen EN NADA a las que venden en el Pasaje Montalvo, de lo cual Emma ya les contó en unos tuits, léanla, etc.), y así te vas hasta llegar frente a Catedral, y te acordás de lo dundo que fue el Arzobispo al permitir que le dieran ‘en la nuca’ al mural de Llort, pasás por la Darío, ves un desfile de viejitos tomando café, y otro que, vestido de harapos, te vende El Mundo, y entonces ves el Parque Hula Hula (no sé por qué ni me importa, pero me acordé de la canción de Enrique y Ana, “baila con el Hula Hoop”, etc.), las ventas de camisas alusivas a la Revolución, a Romero, los CD’s con música de protesta (dicen que King Flyp vendía recargas en uno de esos puestos), y volvemos entonces a la escena del señor chele que parece chalateco y que vende sorbetes allí por un costado del Palacio Nacional y, si seguís caminando un poquito más arriba, ves la tienda de “los chinitos” y te metés a comprar cualquier cosa, un gancho, un “splash” que huele a desinfectante de piso, un calzón, una ‘cumbita’ para andar la comida, y todo lo que los chinos hacen y traen a este paisito tropical. Si seguís caminando, ves que ahí por el edificio de Telecomunicaciones venden pupusas bien grandes y baratas, PERO no te aconsejo que te sentés a comer ahí porque saben a carne de ‘nojéqué’, y te van a dar ganas de vomitar en plena calle. El Centro es bonito, es divertido, huele a todo, a limpio, a calle, a carne asada preparada en una parrilla montada en un carrito de súper, a frescos de coco, horchata, cebada, a tostadas de plátano, quesadillas, mangos, lichas, a todo. Lo “infumable” del Centro es que es eso, el centro, el lugar de paso de miles de gentes durante todo el día, y en donde un tipo con un cargo público (ah, sí, aquí sí estoy politizando, tírenme piedras y lo que quieran) se pasa de la raya y se cree el amo y señor de algo que no es y nunca será de él.

El Centro es de la gente.

Y al escribir gente me refiero a vos, a mí, a todos los que lo vivimos y disfrutamos y sentimos y lloramos. Si no te sentís parte del Centro, autoexcluite, qué más da.

Salú, pues.

25.4.12

Para Armin Rivera, en su cumpleaños


Soy tu amigo y me siento orgulloso de vos. Todavía no te conozco en persona pero te sigo con la confianza de un ciego que se sostiene del hombro de quien lo guía. Te leo a diario y me alegro en demasía cuando sé que estás bien. Si te leo escribiendo cosas tristes, me entristezco con vos. Empero, estoy consciente que la tristeza se disfruta tanto como cualquier otro sentimiento. Dicen que hoy estás ‘tiernita’. (Bueno, vos misma me lo escribiste hace ya varias horas.) ¿Qué se siente volver a nacer? ¿Qué se siente dejar atrás un año anterior —y con él un cúmulo de aciertos y desaciertos, llantos, nostalgias, alegrías, emociones, anhelos— y empezar uno nuevo? Hoy cumplís años, y yo te regalo mis palabras. Traté de adornarlas de la mejor forma posible. Les puse todo el listón que fui capaz de encontrar. Yo sé que te van a gustar porque yo las he cuidado desde que aprendí a usarlas y sé que vos las vas a cuidar también. Te regalo mi amistad. Hace años aprendí que lo que no se comparte, se pierde; y yo no quiero perderme en este océano humano. Te regalo un abrazo. Uno fuerte y sincero. (No te lo iba a decir, pero te voy a dejar mis brazos para cuando necesités otro abrazo. Por otro lado, yo me voy a quedar con los tuyos para cuando yo los necesite.) ¡Que tengás un bonito día de cumpleaños, Armin!