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27.10.12

Un post (del Centro) "infumable"



“Infumable”, un término que no he usado sino hasta este momento en que recién leí las noticias del Centro y las muertes en San Pedro Sula y las encuestas de Obama y Romney en que escribo este post y me río de mí mismo porque uno no le haya gracia a la vida si primero no aprende a reírse y/o carcajearse de sí mismo y de la gente idiota que se esconde detrás de cualquiera, incluso de sí misma, para tirar la piedra y (como dice el dicho) esconder la mano. Anoche vi las noticias de lo que está pasando en el Centro, y lo que más me duele (y aquí concuerdo con Emma) es que yo sí voy al Centro, lo habito, disfruto sus calles y el bullicio de la gente, y por ahí tenía a mis ‘dealers’ de libros viejos, el señor chele que parece chalateco y que vende sorbetes allí por un costado del Palacio Nacional, justo en donde una banda (o grupo musical, como vos querrás llamarle) se ponen a tocar sus instrumentos llenos de óxido y una niña se pone a bailar y pasa entre la gente con un bote viejo para pedir la contribución (in)voluntaria. Decía que el Centro es chivo, y este país también, pero (y sí, siempre salen los peros cuando se trata de abordar la realidad nacional desde esta silla vieja con una almohada-para-que-no-me-duela-el-trasero-de-tanto-estar-sentado-aquí), como ya lo sabés, o como alguien más te lo contó, si nunca te has atrevido a ir al Centro porque tenés cabeza de camarón y creés que justamente allí te puede pasar lo peor de tu vida, es “infumable”. ¿Te acordás cuando la mara, al escucharte hablar ‘astralidades’ siempre te quieren dar el tiro de gracia con aquello de “Vos ‘asaber’ de cuál has fumado”? Yo sí me acuerdo, y me da pena, rabia, vergüenza, por lo que pasa en este país. Leo unos pasmados que dicen que todo está bien aquí, y que este es “el país de la eterna sonrisa”, y no les creo nada, nada, nada. No voy a politizar los hechos porque pareciera ser si hablás de política es porque te querés ‘dar color’ (ya sea rojo, azul o cualquiera de los otros tonos de la paleta de colores que usan los políticos para diferenciarse de sus ‘adversarios’), cuando todos sabemos que esto de vivir en democracia es como decir “Yo vivo en un circo ‘colorico’ del tamaño de 14 departamentos”, y entonces dejaríamos de ver lo rescatable, lo “fumable”, si lo querés ver así, de la Ciudad. El Centro es una gran cosa, viejo. Yo conozco una viejita que vende frente al Ex Cuartel y es (así la nombré yo) mi Patrocinadora Oficial de Tostadas de Plátano sin curtido, porque le tengo miedo a los curtidos de algunos lugares del Centro. Más adelante, allí por el Pollo Campero (no, no me están pagando por esta publicidad gratuita) están unos bichos cheles (bueno, espero que todavía estén cuando vaya de nuevo) que te venden películas ‘diadólar’ y son “garantizadas” (qué risa, todo es cosa de garantías aquí) porque están grabadas directamente desde el DVD original,  una señora que vende galletas chinas (la verdad es que no se parecen EN NADA a las que venden en el Pasaje Montalvo, de lo cual Emma ya les contó en unos tuits, léanla, etc.), y así te vas hasta llegar frente a Catedral, y te acordás de lo dundo que fue el Arzobispo al permitir que le dieran ‘en la nuca’ al mural de Llort, pasás por la Darío, ves un desfile de viejitos tomando café, y otro que, vestido de harapos, te vende El Mundo, y entonces ves el Parque Hula Hula (no sé por qué ni me importa, pero me acordé de la canción de Enrique y Ana, “baila con el Hula Hoop”, etc.), las ventas de camisas alusivas a la Revolución, a Romero, los CD’s con música de protesta (dicen que King Flyp vendía recargas en uno de esos puestos), y volvemos entonces a la escena del señor chele que parece chalateco y que vende sorbetes allí por un costado del Palacio Nacional y, si seguís caminando un poquito más arriba, ves la tienda de “los chinitos” y te metés a comprar cualquier cosa, un gancho, un “splash” que huele a desinfectante de piso, un calzón, una ‘cumbita’ para andar la comida, y todo lo que los chinos hacen y traen a este paisito tropical. Si seguís caminando, ves que ahí por el edificio de Telecomunicaciones venden pupusas bien grandes y baratas, PERO no te aconsejo que te sentés a comer ahí porque saben a carne de ‘nojéqué’, y te van a dar ganas de vomitar en plena calle. El Centro es bonito, es divertido, huele a todo, a limpio, a calle, a carne asada preparada en una parrilla montada en un carrito de súper, a frescos de coco, horchata, cebada, a tostadas de plátano, quesadillas, mangos, lichas, a todo. Lo “infumable” del Centro es que es eso, el centro, el lugar de paso de miles de gentes durante todo el día, y en donde un tipo con un cargo público (ah, sí, aquí sí estoy politizando, tírenme piedras y lo que quieran) se pasa de la raya y se cree el amo y señor de algo que no es y nunca será de él.

El Centro es de la gente.

Y al escribir gente me refiero a vos, a mí, a todos los que lo vivimos y disfrutamos y sentimos y lloramos. Si no te sentís parte del Centro, autoexcluite, qué más da.

Salú, pues.

2.5.12

Survivor Sívar (1a Temporada)


Si vos vivís en Sívar —léase Área Metropolitana de San Salvador— y todavía no te han ‘puesto el balde’ (o, en el peor de los casos, no te han herido o has sido testigo de una muerte violenta), se debe a las siguientes razones:

  1. Andás o te andan en carro (lo cual es discutible porque los cheros que limpian parabrisas o hacen malabares en los semáforos tienen fama de mañosos);
  2. Sos de la PNC y tenés chance de andar el ‘cuete’ en tu maletín (esto también es discutible y pierde su efecto al encontrarte con más de un mañoso);
  3. Andás tu propia arma (pese a la prohibición de portar armas de fuego en zonas públicas);
  4. Acabás de ir al cine con tu pareja y/o con tus cheros a ver The Avengers y te creés Thor, Hulk, Iron Man o el Capitán América, y creés que les vas a dar duro y no te va a pasar nada a vos ni a tus acompañantes. (Sobre esto último debo escribir que una vez, en una 45AB, vi cómo un pasmado se rehusaba a entregarle su ‘Bibi’ al mañoso y éste, para hacer que cambiara de opinión, le empezó a pegar a la novia del bicho. El muy dundo dejó que ‘sopapiaran’ a la novia y todavía tuvo la valentía de decirle al mañoso que por lo menos le dejara el chip y la tarjeta de memoria. ‘Ái’ te vas a estar, papito.)
  5. Andás una guayabera blindada usada y sudada por Funes.
  6. Vivís en una burbuja.

Aquí hay que citar la famosa frase de las calcomanías de los buses y microbuses de este país (olvidate del burro de Genaro): “Solo Dios sabe si volveré.” La pregunta es: ¿Cómo has logrado escapar de las situaciones color de hormiga en Sívar? Dale, decinos ‘cómoliajecho’ en 3, 2, 1…