Voz en OFF

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30.4.12

Cómo hacerte 'tuitstar' en El Salvador


  1. Abrí una cuenta en Twitter. Ponele un nombre bayunco y/o un avatar donde mostrés tu cuerpo semidesnudo y llamés la atención de los cheros con complejo de perros hambrientos.
  2. Escribí una Bio originalmente plagiada de otra Bio o de algún sitio de Google. (Asegurate pasar a la página 2 del buscador para que la mara vea que por lo menos te rebuscaste en escribir algo chivo.)
  3. Inventate un HT que encienda a la mara en un dos por tres. Todos van a buscar tu usuario y te van a empezar a seguir porque sos lo mejor que pudo haberles pasado en sus tristes vidas.
  4. Pedí más seguidores. Hacé de cuenta y caso que tus seguidores actuales son tus sirvientes y hacé que le den RT a tus peticiones de llegar y sobrepasar tus casi 1,000 seguidores; acordate que tu ego se incrementa proporcionalmente al número de seguidores que tengás.
  5. Seguí solo a unos ’30 pelones’. Qué es eso de andar leyendo a tanta mara que no es iluminada como vos.
  6. Escribí los conceptos que estás leyendo en la separata que fotocopiaste en los negocios afuera de tu Universidad. Eso te hará ver plantoso y tus seguidores van a pensar que andás volando (aunque después dejés la materia).
  7. Pedí Favs y RTs a diestra y siniestra. Las estrellitas te deslumbran, y los RT’s te hacen sentir aceptado. 
  8. Cuando ya no le importés a nadie, cerrá tu cuenta actual y volvé al paso 1.

***
Mi chero y amigo del alma Óscar Martell me escribió dos cosas que me hicieron falta:

  • No te puede faltar una cuenta de Favstar. Si la podés pagar, mejor todavía.
  • Poné enlaces a tus tuits dentro de tus tuits.
¡Gracias, broder! 

***
Y mi otro chero y amigo del alma Mauricio Rodríguez recién añadió lo siguiente:
  • Pedir por DM que te den #FF 
  • Y siguiendo la misma línea, darle RT a los #FF que te dan tu séquito de fanáticos. Eso elevará tu ego a la décima potencia y no cabras en tus camisas, digo por aquello de que el ego se infla.
¡Gracias, Tito!

28.4.12

Una entrada que no fue


Luché si el tratar de levantarse temprano se puede ver como algún tipo de lucha hasta que logré levantarme de mi cama. Me lavé la cara y los dientes, encendí mi laptop, revisé mis correos (el equivalente a leer las noticias del diario), y pasé revista a lo que tenía que hacer. Mientras lo hacía, sin quedarme sentado ni quieto puse agua a hervir, respondí los correos que me importaban, y me acosté de nuevo. Me levanté después de unos minutos, (el agua ya estaba hirviendo), me hice un vaso de leche, abrí unos archivos de Word, y metí el vaso de leche caliente en el freezer. Me acosté de nuevo. Soy el campeón mundial de la haraganería de los sábados en la mañana. Me quedé dormido, creo. Son la 13.20 hs y estoy escribiendo esta entrada de blog. Es obvio que esto no es lo que quería publicar. Soy un animal que quiere hibernar dos días enteros. ¿Y ustedes?


27.3.12

De una herida en mi estómago y otros dolores de la Nación


“¡Juela, tío! ¿Te dolió?”

La Ale, mi sobrina de 9 años, me pregunta qué tan grande es la herida de la cirugía que me hicieron el miércoles pasado en el Zacamil. Yo le digo que no es tan grande, pero que me pica (todos aquí sostienen la teoría de que ‘pica porque se te va curando por dentro’) y me duele cuando me muevo.

(Agradezco las muestras de afecto y buenos deseos que me envió la cipotada tuitera desde que les ‘avisé’ de la ultrasonografía en donde descubrí que tenía cálculos en la vesícula y que tenía que ir a la sala de operaciones ese mismo día. Son grandes.)

Mañana, finalmente, me retiran los puntos. Espero no tener ninguna complicación y seguir con mi proceso de recuperación como hasta hoy.

Lo bueno de todo esto es que dentro de unos días más voy a poder salir a la calle. Sentir el sol. Exponerme a la insaciable sociedad salvadoreña. Espero subirme a la 117 para regresar a mi propia casa, sentir la brisa de las montañas de Chalatenango mientras estoy meciéndome en la hamaca, hacer más hoyos en la tierra y sembrar más árboles (vivo en un desierto, etc.), y seguir la vida ‘normal’, el camino que todos llevan.

Lo normal en El Salvador es salir a la calle con miedo. Y eso duele, no pica. Arde en lo profundo del alma nacional ni si quiera piensen que iba a escribir ‘nacionalista’, que eso jamás ocurrirá de parte mía y no hay cura todavía. Aquí, dicen, pero no está confirmado todavía, se hacen negocios con la mara, va, puesí, va, vos sabés que aquí para, controla y viola, va, y todo mundo se alborota, menos uno, que ni se inmuta, el señor Carlos Mauricio Funes Cartagena.

En serio, ¿por qué creen ustedes que el Presidente se ha ausentado? Leí que andaba en Disneylandia, que la esposa lo había encontrado con otra mujer, y un sinfín de teorías que circulan en las enredadas redes sociales. Funes, salí del núcleo.

A mí me duele la patria chiquita mía. ¿Quién sabe cómo curármela?