Veo
mi cuerpo inerte
y no creo
que la Muerte
se haya llevado
al otro lado
de la Vida
tu amor.
Una rara flor
ennegrecida
por la Muerte
sobre mi cuerpo inerte
reposa.
Es la rosa
del olvido
del herido
amador.
Voz en OFF
5.12.11
Luna lejana
Si tengo la fortuna
de que con tu alma mi dolor se integre,
te diré entre melancólico y alegre
las singulares cosas de la luna.
Leopoldo Lugones
Muda, mi amiga, la mañana se me antoja eterna.
Se desliza en el cielo una luz suave y tierna
al tiempo que pienso en ti. ¡Estás tan lejos!
¡Oh, cómo ansía mi corazón ver tu rostro en los reflejos
que le roban al sol las ventanas extrañas!
Le pregunté al Hacedor por qué no me acompañas
mas no me respondió. Lo único que me dijo es que te asemejas
a la luna que visita en la noche de mi cárcel las rejas
que me encierran separándome de ti,
y que cantas con encanto un canto que dice así:
«Desde que anochece aparece la luna
con su bellísimo color blanco cristal
y se va desplomando sin razón alguna
su suave luz...» ¡Qué canto eternal!
¡Qué canto que entona los encantos de la vida!
¡Ven, amada luna, no te quedes recluida
en las rejas que me alejan separándome de ti,
ven que quiero verte,
ven que quiero que en mí
resplandezca tu amor, ven que quiero conocerte!
Muda, mi amiga, la mañana
se me antoja
etena. Cual hoja
seca muera el día en mi ventana.
¡Que venga la noche con su luna inmortal!
¡Que venga la luna con su color blanco cristal!
¡Ven, amada luna, ven y quédate en mí
que en la cárcel de mi amor esperando estoy por ti!
Oráculo
Adivíname el futuro.
En la bola del cristal negro de esta noche
ponga tu sueño sus manos, y lo adivine.
Adivínamelo así, desnudo de la realidad del presente,
de la memoria del pasado desnudo.
(No importa si sea mi muerte la que veas;
porque, si me lo adivinan tus manos, qué muerte es muerte,
si mi muerte está en tu vida, viva muerte...)
Adivíname el futuro.
En la bola del cristal negro de esta noche
ponga tu sueño sus manos, y lo adivine.
Adivínamelo así, desnudo de la realidad del presente,
de la memoria del pasado desnudo.
(No importa si sea mi muerte la que veas;
porque, si me lo adivinan tus manos, qué muerte es muerte,
si mi muerte está en tu vida, viva muerte...)
Adivíname el futuro.
Recuerdo
Quan et deturis
on el meu nom et crida...
Salvador Espriú
De ayer tu rostro. Óleo
de tu fiel amor que pinté en mi alma allá donde nos vimos.
Llamas de amor, fuego de palabras que incendiaron mi ser.
Fuego de palabras que atizaron las alas del silencio.
Fuego que tiene una mitad de frío.
Tu recuerdo, el rostro tuyo en una tarde lejana.
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