“Infumable”, un término que no he usado sino hasta
este momento en que recién leí las noticias del Centro y las muertes en San
Pedro Sula y las encuestas de Obama y Romney en que escribo este post y me
río de mí mismo porque uno no le haya gracia a la vida si primero no aprende
a reírse y/o carcajearse de sí mismo y de la gente idiota que se esconde
detrás de cualquiera, incluso de sí misma, para tirar la piedra y (como dice el
dicho) esconder la mano. Anoche vi las noticias de lo que está pasando en el
Centro, y lo que más me duele (y aquí concuerdo con Emma) es que yo sí voy al
Centro, lo habito, disfruto sus calles y el bullicio de la gente, y por ahí
tenía a mis ‘dealers’ de libros viejos, el señor chele que parece chalateco y
que vende sorbetes allí por un costado del Palacio Nacional, justo en donde una
banda (o grupo musical, como vos querrás llamarle) se ponen a tocar sus
instrumentos llenos de óxido y una niña se pone a bailar y pasa entre la gente
con un bote viejo para pedir la contribución (in)voluntaria. Decía que el
Centro es chivo, y este país también, pero (y sí, siempre salen los peros
cuando se trata de abordar la realidad nacional desde esta silla vieja con una
almohada-para-que-no-me-duela-el-trasero-de-tanto-estar-sentado-aquí), como ya
lo sabés, o como alguien más te lo contó, si nunca te has atrevido a ir al
Centro porque tenés cabeza de camarón y creés que justamente allí te puede
pasar lo peor de tu vida, es “infumable”. ¿Te acordás cuando la mara, al
escucharte hablar ‘astralidades’ siempre te quieren dar el tiro de gracia con
aquello de “Vos ‘asaber’ de cuál has fumado”? Yo sí me acuerdo, y me da pena,
rabia, vergüenza, por lo que pasa en este país. Leo unos pasmados que dicen que
todo está bien aquí, y que este es “el país de la eterna sonrisa”, y no les
creo nada, nada, nada. No voy a politizar los hechos porque pareciera ser si
hablás de política es porque te querés ‘dar color’ (ya sea rojo, azul o
cualquiera de los otros tonos de la paleta de colores que usan los políticos
para diferenciarse de sus ‘adversarios’), cuando todos sabemos que esto de
vivir en democracia es como decir “Yo vivo en un circo ‘colorico’ del tamaño de
14 departamentos”, y entonces dejaríamos de ver lo rescatable, lo “fumable”, si
lo querés ver así, de la Ciudad. El Centro es una gran cosa, viejo. Yo conozco
una viejita que vende frente al Ex Cuartel y es (así la nombré yo) mi
Patrocinadora Oficial de Tostadas de Plátano sin curtido, porque le tengo
miedo a los curtidos de algunos lugares del Centro. Más adelante, allí por
el Pollo Campero (no, no me están pagando por esta publicidad gratuita) están
unos bichos cheles (bueno, espero que todavía estén cuando vaya de nuevo) que
te venden películas ‘diadólar’ y son “garantizadas” (qué risa, todo es cosa de
garantías aquí) porque están grabadas directamente desde el DVD original, una señora que vende galletas chinas (la
verdad es que no se parecen EN NADA a las que venden en el Pasaje Montalvo, de
lo cual Emma ya les contó en unos tuits, léanla, etc.), y así te vas hasta
llegar frente a Catedral, y te acordás de lo dundo que fue el Arzobispo al permitir
que le dieran ‘en la nuca’ al mural de Llort, pasás por la Darío, ves un
desfile de viejitos tomando café, y otro que, vestido de harapos, te vende El
Mundo, y entonces ves el Parque Hula Hula (no sé por qué ni me importa,
pero me acordé de la canción de Enrique y Ana, “baila con el Hula Hoop”, etc.),
las ventas de camisas alusivas a la Revolución, a Romero, los CD’s con música
de protesta (dicen que King Flyp vendía recargas en uno de esos puestos), y
volvemos entonces a la escena del señor chele que parece chalateco y que vende
sorbetes allí por un costado del Palacio Nacional y, si seguís caminando un
poquito más arriba, ves la tienda de “los chinitos” y te metés a comprar cualquier
cosa, un gancho, un “splash” que huele a desinfectante de piso, un calzón, una ‘cumbita’
para andar la comida, y todo lo que los chinos hacen y traen a este paisito
tropical. Si seguís caminando, ves que ahí por el edificio de
Telecomunicaciones venden pupusas bien grandes y baratas, PERO no te aconsejo
que te sentés a comer ahí porque saben a carne de ‘nojéqué’, y te van a dar
ganas de vomitar en plena calle. El Centro es bonito, es divertido, huele a
todo, a limpio, a calle, a carne asada preparada en una parrilla montada en un
carrito de súper, a frescos de coco, horchata, cebada, a tostadas de plátano,
quesadillas, mangos, lichas, a todo. Lo “infumable” del Centro es que es eso,
el centro, el lugar de paso de miles de gentes durante todo el día, y en donde
un tipo con un cargo público (ah, sí, aquí sí estoy politizando, tírenme
piedras y lo que quieran) se pasa de la raya y se cree el amo y señor de algo
que no es y nunca será de él.
El Centro es de la gente.
Y al escribir gente me refiero a vos, a mí, a todos
los que lo vivimos y disfrutamos y sentimos y lloramos. Si no te sentís parte
del Centro, autoexcluite, qué más da.
Salú, pues.
Dolió. Hoy he perdido un pedacito de corazón.
ResponderEliminarYo también. El Centro es tuyo, y mío. A partes iguales.
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