Que
otras nuevas y gratas impresiones
borrarán
mis palabras de tu oído;
y
mi dicha, mi amor, mis ilusiones,
sepultarás
también en el olvido.
Pues
antes de romperse nuestros lazos
o
te sea a tu vista indiferente,
te
suplico, ¡mi bien!, que hagas pedazos
la
pobre imagen de tu amigo ausente.
Trillanes
y Arrillaga
Como todos los que han escrito alguna vez sobre la ausencia,
puedo decir que tu partida es mi muerte,
muerte en que mi alma quedó desnuda sobre la tierra
bajo la inmensidad del cielo en una noche sin luna.
Puedo visitarte a tientas en tu cuarto oscuro,
con mis ojos cafés llorando sobre tu lecho,
con mis manos buscando desesperadamente las tuyas,
con mi vida entera implorando tu presencia,
y puedo más,
conservar en mí un medido dolor y recordarte
junto a los lugares en donde estuvimos
y que aún conservan nuestras almas
cual si fueran fósiles de un amor
creado hace ya varios segundos,
y la palabra familiar de llamarte O-Coni-Co.
Pero es difícil esquivar las preguntas
de los polvorientos caminos de la Ciudad de las Nieblas,
del patio de tu casa y de la mía, de una bicicleta que nunca monté,
del Café de los Poetas, que vio nuestro abrazo,
de las copas en que bebí con alegría la embriagante bebida del incierto
amor,
de los poemas que aguardan su resurrección en el Sepulcro del Olvido…,
es difícil esquivar las preguntas
que tus propios ojos me hacen en medio del silencio,
preguntas que yo ya sé,
porque fuimos un solo astro hecho de dos,
conciencia de mi alma,
lune lejana,
lejana luna.
Y en esta gran espera
que se abre cual negra rosa cuyos pétalos tardarán años en caer a tierra
para dejar que de una vez y para siempre muera esa rosa que yo creí
inmortal,
tu olvido será memoria eterna en mi alma, en mi alma
dormida al amor, aguardando el beso que la despierte para siempre.
Velarás por mí, oirás mi acento a través de las paredes del silencio
y sabrás a pesar de todo que mi amor fue siempre fiel al tuyo.
Nada es mío…, me fue robada tu vida
sin que yo sepa todavía si fue una fuerza extraña,
u otro Ser (a quien llamamos Dios), o tu propia alma
la que te me llevó a un lugar que no conozco,
adonde no querías ir pero al que aceptaste ir.
Pero en mí —mar muerto que soy desde el día que te fuiste—,
quedó anclado
el amor que prometió —ahora lo dudo— regresar a mi puerto
cuando cesara
la tormenta.
Toda partida
es el miedo de un alma
que se va
muriendo a cada segundo….
el miedo de un
alma dormida ¿o ya muerta?
velada por una
princesa cautiva.
(23.34 hs)
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