Voz en OFF

10.4.12

1 Corintios XIII, 12




A Olga Taito.


—Pero, Werther, ¿volveremos a vernos? ¿Nos
reconoceremos? ¿Qué pensáis de esto? ¿Qué decís?
—Carlota —exclamé, presentándole mi mano
y con los ojos cuajados de lágrimas—; ¡sí,
volveremos a vernos! ¡En esta vida y en la otra
volveremos a vernos!
J.W. Goethe.



En Santiago de Chile
o en algún lugar de Buenos Aires,
volveremos a vernos. Quiera Dios que el Sol destile
sus rayos de luz en los crepusculaires
cielos del Sur
para encontrarnos. Quiera
también que nuestro albur
(que fue roja quimera
en que ambos nos amamos)
renazca y viva eternamente.
Nos reconoceremos. Llevamos
escrito el nombre del otro en una filacteria en la frente.




12 de octubre de 2004.
(00:36 hrs.)

8.4.12

Duelo


Una espada para la mano
que regirá la hermosa batalla...
Jorge Luis Borges

Deux guerriers ont couru l’un sur l’autre; leurs armes
ont éclaboussé l’air de lueurs et de sang.
Ces jeux, ces cliquetis du fer sont les vacarmes
d’une jeunesse en proie à l’amour vagissant.
Charles Baudelaire


No soporto esta lucha que se está librando.
Mudo la observo detrás de la muralla.
El viento sopla extendiendo el fuego
que arde, devastador, en el umbrío valle.
Todas las constelaciones se agruparon
para conocer el desenlace de la cruenta batalla.
Un golpe, sangre salta. Otro golpe falla.
La luz de la luna ilumina el campo y las caras.
Los grillos aplastados gimen su concierto final
y las luciérnagas, como pequeñas antorchas de brillo fugaz,
vagas, errabundas, titilan la paz.
¡La desventurada noche los contempla!
El castillo de plata se mancha
y el filo de una daga se confunde
con tanto fulgor policromático...
Cae la muralla mas no los guerreros.
Hay un mutis. Alguien da un beso.
La muralla está reconstruida.
La batalla prosigue.
Astros y demás continúan expectantes.

6.4.12

Poema






¿Quién fue ese niño que tejió al hombre que eres?
¿Por qué no eres ese niño ahora?
Quiero conocerlo. Hazlo volver.
Muéstrame tu verdad, muéstrate puro.
La diafanidad de tus ojos,
de la que aún conservas
un vago brillo, quiero mirar.
Contigo quiero jugar
un juego donde ninguno quiera ganar.
Contigo quiero correr por el sendero
donde existe el Bien, y el Mal
es una palabra inventada por adultos.
Corramos. Huyamos a tu infancia.

5.4.12

Ojógrafo

A Jessica Karina

Aún más que con los labios
hablamos con los ojos…
Manuel Acuña

Conozco desde siempre lo que diste a mi pecho,
la pura alfarería que reposa en tus ojos.
Elvio Romero


Estoy aprendiendo a leer la escritura
de tus ojos de miel. Una a una,
voy dilucidando (no sin corta mesura)
las caligrafías (antes extrañas) de la runa
de tu vista. He sido un escandinavo analfabeto
pero hoy te tengo a ti. Aunque confieso
que aún no sé usar todo el alfabeto
para comunicarme contigo, ex profeso
de usar tus mismas letras,
de hablar tu mismo idioma,
de poder penetrarte como tú me penetras,
pero aprenderé. (Así tenga que ir a Roma
o a la antigua Escandinavia,
con tal de obtener de tus runas la savia.)

4.4.12

A una mujer


¿Ángel, diosa o mujer? ¡Qué bella eres!
Que solo imaginarte es vano empeño.
¿Musa o ninfa? Hija de Citeres,
cuán cruel la ilusión de ser tu dueño.
¿Calcó el Divino Orfebre la hermosa
línea de tu cuerpo o el diseño
que Eros hizo de ti? ¿O fue un risueño
destello de ingenua luz preciosa?
Tal hermosura el cielo darte quiso,
tal divina atracción a tu semblante,
cual hermosa Beatriz, amor de Dante,
que para poder amarla fue preciso
poner juntos Infierno y Paraíso,
porque una eternidad no era bastante.

1.4.12

Deseos ocultos


—Tenés un montón de pitas* de donde halar pisto*, Alfredo. Ya quisiera yo tener la masa gris que vos tenés.
—Ajá.

La Chata (así le digo a mi hermana mayor) y yo nacimos en la misma fecha, un 29 de junio. Ella en 1975; yo, en 1983. Cuando yo nací, mis papás se la ‘calaron’, porque iban a gastar menos organizando nuestra fiesta de cumpleaños. Y así ha sido, hasta el último pedazo de pastel que recuerdo haber comido. La casualidad de la fecha nos ha unido más de lo que tienen idea. Podemos hablar por horas. Reírnos hasta que nos callen por contaminar el ambiente a puras carcajadas. Llorar. Como anoche.

Que tu hermana (quien, para vos, es alguien respetable) te enfrente y te diga lo que no estás haciendo bien, duele. Y duele más que la herida que no se me quiere sanar del todo. Pero es justo y necesario. Perder el rumbo, el carácter, el deseo, son cosas de las que hablé con ella anoche. ¿Qué lo hace a uno perder el impulso? Y no me vayan a decir que a ustedes nunca les ha pasado eso, porque sería bien chistoso saberse el único que ha dejado cosas inconclusas.
La inteligencia está. La pereza, también.

Los deseos de tu corazón van a seguir siendo meros deseos mientras no decidás levantarte de entre los escombros en que convertiste tu vida, y empecés  de cero.

¿Recomenzamos? 


* Cuerda.
* Dinero.